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  • PERIODISTAS Y MEDIOS

    En el año 1890, en la ciudad de Nueva York, un grupo de colegas de John Swinton, el periodista más famoso de entonces, organizó en su honor un banquete, en cuyo transcurso alguien propuso un brindis a la prensa independiente, que el homenajeado atajó con esta reflexión:
    “No existe, en esta etapa de la historia del mundo en América, la prensa independiente. Vosotros lo sabéis, y yo lo sé. No hay nadie entre vosotros que se atreva a escribir sus opiniones sinceras, y si lo hicierais, sabéis de antemano que nunca aparecerían impresas. A mí me pagan semanalmente por mantener mis opiniones sinceras fuera del periódico en el que estoy empleado. Algunos de vosotros recibís salarios similares por cosas similares, y cualquiera que fuese tan estúpido como para escribir sus opiniones sinceras, estaría en la calle buscando otro trabajo. Si yo permitiera que mis opiniones sinceras aparecieran en ejemplares de mi periódico, antes de veinticuatro horas, mi empleo se habría esfumado.
    El negocio del periodista es destrozar la verdad, mentir abiertamente, pervertir, vilipendiar, humillarse a los pies de Mammon (símbolo de la avaricia en el N.T.), y vender a su país y a su raza por su pan cotidiano. Vosotros lo sabéis, y yo lo sé; y cuán estúpido es este brindis a una prensa independiente.
    Somos las marionetas; ellos tiran de las cuerdas, y nosotros bailamos. Nuestros talentos, nuestras posibilidades y nuestras vidas son enteramente propiedad de otros hombres.
    Somos prostitutas intelectuales”.

    Decenios más tarde, el veterano periodista italiano Indro Montanelli, escribía:
    “Hemos mantenido los acuerdos: nos hemos limitado a los hechos, absteniéndonos de comentarlos. De manera que el lector, pobrecillo, creerá estar juzgándolos con su propia cabeza, sin darse cuenta de que la cabeza se la hemos confiscado nosotros. He aquí un ejemplo de eso que los imbéciles llaman “objetividad periodística”.

    En Abril de 1961, la Asociación Americana de Editores de Prensa celebró una gala en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York, con el presidente Kennedy como invitado estrella. En su discurso, tras recordar que la periodística es la única actividad económica protegida por la Primera Enmienda de la Constitución, privilegio que merecería la correspondiente responsabilidad por parte de la Prensa, Kennedy destaca el peligro de la Guerra Fría en la que está inmerso el país, lo que requiere en su opinión que tanto la Prensa como el Presidente reconcilien la necesidad de una más amplia información pública y de un más amplio secretismo oficial, pero matiza:
    “El término mismo de “secretismo” es repugnante en una sociedad libre y abierta, y nosotros, como pueblo, estamos personal e históricamente en contra de las sociedades secretas, de los juramentos secretos y de los procedimientos secretos”.

    Unos mantienen que esas líneas de su discurso, evidencia y advertencia de que estaba al tanto de conjuras y actividades ilegales, le habrían costado la vida; otros creen que el atentado fue la respuesta a una decisión suya, de gran alcance económico para algunos:

    El 4 de junio de 1963, Kennedy había firmado la Orden Ejecutiva 11110, por la que se devolvía al Gobierno de Estados Unidos la facultad de emitir moneda, sin pasar por la Reserva Federal –que ni es federal ni tiene reservas- creada en 1913 por bancos de los Rosthchilds y otros de su cuerda, que la controlan desde entonces.
    El 22 de noviembre, en el avión presidencial que llevaba el cadáver de Kennedy de Dallas a Washington, Johnson juró su cargo como nuevo presidente, y cuentan que su primera decisión fue… derogar la Orden 11110, devolviendo las competencias de emisión de moneda a los banqueros conjurados en la Reserva Federal.

    CHAPOTEOS
    Los periodistas no mantienen con los políticos las distancias afectivas o económicas que requiere su labor de control de los representantes de la población. Tener carnet o ser simpatizante de un partido debería inhabilitar a un profesional de la prensa para ocuparse de asuntos relacionados con personas y hechos vinculados a la vida pública, porque minimiza barbaridades de los suyos y maximiza tonterías de los adversarios. ¿Juez y parte? Imposible, como se ha visto en la reciente actuación del presidente del Tribunal Constitucional, un estómago agradecido que disimula sus veredictos bajo el socorrido término de “ideología”. Ideología significa tener una idea previa sobre los hechos que se van a juzgar, en un tribunal o en un medio de comunicación, y la opinión de quien aborda un asunto mediatizado por sus prejuicios doctrinales no vale el papel en el que está impreso; y el mazo del juez carga el aire de la sala de justicia con su propia miseria.

    ¿Qué pintan conocidos dirigentes de medios de comunicación en las reuniones del Club Bilderberg? ¿Van en su propio nombre, o en el de sociedades cuya verdadera actividad se nos escamotea?
    Las discusiones y conclusiones de ese selecto foro son secretas, pero el profesional de la información al que se invita, aplicará la línea editorial que le marquen los financieros que controlan su medio y su propia carrera. Allí se va a recibir consignas, y quien no se atenga a bailar al ritmo que le tocan, a ser prostitutas intelectuales –algunos, ni intelectuales- tendrá un breve recorrido en ese mundo férreamente controlado, que intoxica la razón del ciudadano para impedirle la reflexión.
    Si se leen varios periódicos, impresos o digitales, o se ven varios canales de televisión, se comprueba que todos los medios incluyen en un alto porcentaje las mismas noticias, porque todos se nutren de las mismas agencias, aunque presentadas con distinto enfoque, ya desde el propio titular.
    Eustace Mullins, discípulo y amigo de Ezra Pound, autor de un libro sobre la Reserva Federal, y otro sobre el parasitismo económico, escribió el artículo: “¿Quiénes son los dueños de las cadenas de televisión?” (Who owns the TV networks?”), en el que destaca la sorprendente similitud entre las noticias y programas de las tres mayores cadenas “independientes”, NBC, ABC, CBS, y tras analizar los nombres de sus respectivos directores y la relación de éstos con empresas, bancos y cargos políticos, descubre que sus intereses están de tal manera entrelazados, que llega a la conclusión de que sólo existe una cadena de televisión, enmascarada como tres que compiten entre sí.

    La reciente emisión en France 2 de un reportaje sobre la posibilidad de un Estado Palestino, que hace un implacable recorrido por la situación de la población palestina, tanto de los refugiados, a quienes se impide el retorno a su tierra -a pesar de estar avalado por la resolución 194 de la ONU-, como de los habitantes de Jerusalén Este, Gaza y Ramala, y analiza el peso del lobby judío en la política del Gobierno de Estados Unidos sobre ese tema, despertó la ira de colectivos judíos. Uno de los responsables del reportaje, Charles Enderlin, parisino con pasaporte israelí, respondió a las críticas y amenazas desde su blog, con un comentario titulado: “Buenos días, censores”.

    Obama ha pasado de defender la necesidad de un Estado Palestino con las fronteras de 1967, a anunciar que siempre estará junto a Israel y vetará la admisión en la ONU de un Estado Palestino, en caso de que la petición obtuviera el necesario respaldo de 9 de los 15 votos del Consejo de Seguridad. Ya se sabe que la ONU es un organismo democrático-dictatorial, con cinco miembros de la Comisión Permanente de ese Consejo con derecho a veto (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, China y Rusia), y 188 países comparsas.
    El viraje de Obama tiene al menos dos explicaciones: primera, su partido ha perdido el escaño al senado por Nueva York, tras votar masivamente los judíos de ese Estado al candidato republicano, en contra de su tradicional apoyo a los demócratas, molestos por el enfoque del Presidente sobre el tema palestino; segunda, para su campaña de reelección, Obama necesita las cuantiosas donaciones de millonarios e instituciones judíos, que le están marcando el paso.
    Ciñéndonos a lo periodístico, en ese mismo reportaje de France 2, se entrevista un antiguo colaborador de la AIPAC, (American Israel Public Affairs Commitee: Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel), quien cuenta a cámara que dicha institución elabora dossiers de periodistas no pro-israelíes, que tendrán dificultad para encontrar trabajo o conservar el que tienen.

    En el extremo opuesto, el periódico israelí Haarezt se posiciona a favor de un Estado Palestino; critica la política de su Gobierno; denuncia el odio y la violencia que se ejerce hacia los árabe-israelíes (el último episodio, la profanación de un cementerio árabe), recoge movilizaciones puntuales de intelectuales israelíes en pro de la dignidad y los derechos de los palestinos, y la iniciativa de cientos de israelíes para que deje de identificarse judaísmo y Estado de Israel, al considerar religión y democracia conceptos antagónicos.
    Paradójicamente, ninguna de esas noticias aparece en los medios españoles. Ser tachado de “anti-semita” es una lacra, como ya se han encargado algunos de que así se considere toda crítica a particulares o políticos judíos, que se escudan en quince millones de hebreos para que no se aireen sus desmanes personales. El horror del holocausto tuvo como consecuencia la promulgación de leyes en distintos países, que hasta encarcelan a quien cuestione el número real de víctimas o arroje luz sobre oscuros aspectos silenciados de aquel drama, como la connivencia entre jefes sionistas y altos cargos nazis a finales de los años treinta, para obligar a los judíos alemanes más cualificados a emigrar a Palestina. Hay muchos libros escritos por judíos sobre tan espinoso tema, y hasta sionistas, como el escritor y guionista Ben Hecht, lo denunció en su obra “Perfidia”.

    Existen teorías sobre la malignidad de grupos que pretenden controlar el mundo; con ese fin, crean o manipulan medios de distinta tendencia ideológica, transmitiendo a la sociedad la ilusión de que existe pluralidad; que no vivimos al dictado psicológico de dictaduras mesiánicas. Mullins demuestra en el artículo citado la falacia de medios independientes.

    Cuando algunas de sus actividades empezaban a ser aireadas, los Rothschild cortaron por lo sano las filtraciones comprando las tres principales agencia de noticias del Continente: la Wolff en Alemania, en 1849; la Reuters en Inglaterra, en 1851; la Havas en Francia, en 1835.
    Se ha señalado que la agencia Wolff manipuló a los alemanes para lanzarlos a la Primera Guerra Mundial, una guerra que los Rothschild facilitaron prestando dinero desde sus respectivos bancos a los contendientes: alemanes, ingleses y franceses.

    Algunos periódicos y televisiones no generan dinero a sus propietarios, más bien lo pierden; nacieron como correa de transmisión política, y los políticos mantienen vivos a esos medios, portavoces de sus respectivas doctrinas, con dinero público, bien mediante subvenciones o como partida de los presupuestos generales o autonómicos.
    Son medios cautivos, y si alguno de sus periodistas se atreviera a contar sus “opiniones sinceras”, lo pondrían en la calle, como ya advirtiera Swinton; porque un periodista no manejable se convierte en un elemento peligroso a quien nadie quiere contratar.

    El diario Liberation, impulsado por Sartre a principios de los setenta, se mantiene en el mercado porque Eduard de Rotchshild invirtió en 2005 veinte millones de euros para convertirse en su accionista mayoritario. Y en una entrevista en televisión declaró lo que todo el mundo sabe: “Creo que es una visión algo utópica querer diferenciar la línea editorial entre la redacción y el propietario”.

    Medios españoles han pasado a estar controlados por fondos de inversión, y su línea editorial evidencia la influencia de los nuevos propietarios.

    Una excepción en el deprimente panorama lo representa “Le Canard Enchaîné”, que aireara escándalos como los diamantes que Bokassa le regaló al presidente Giscard, ya que este semanario satírico, con casi cien años de vida, es propiedad de sus redactores. Con frecuencia, las pistas para iniciar una investigación les llegan de sus lectores, porque saben que lo publicarán, en lugar de hacer un trueque con información que afecta a terceros, una práctica habitual en los medios.

    En el recientemente publicado “Libro negro del periodismo en España”, se induce a entonar un mea culpa colectivo, y algunos profesionales asumen la evidencia… pero seguirán haciendo lo mismo, escribiendo al dictado y ocultando lo que no interesa que salga a quien les paga el sueldo.

    La tendenciosidad está presente de manera exacerbada en todos los medios, pero la mayor decepción y engaño a la ciudadanía es la línea que sigue la costosísima Televisión pública, con sus correspondientes comisarios políticos, que vigilan y deciden el tiempo que se dedica a las gentes del partido que los nombró, y a las de la oposición, que los echará tan pronto gane las elecciones para sustituirlos por sus propios comisarios. Y así estamos.

    En España apenas hay periodismo de investigación, ni medios lo suficientemente libres económica e intelectualmente para publicar reportajes comprometedores para los poderes fácticos.

    Los periodistas se presentan como “profesionales independientes”, encubriendo o ignorando, lo que no es un eximente, que están al servicio de intereses concretos, y los ciudadanos poco maduros asumen como verdades lo que aquéllos cuentan, y cómo lo cuentan.
    Por ejemplo, se silencia que los rebeldes libios han matado a más gente que lo gadafistas, porque Occidente, que agasajó hasta ayer a Gadafi sin reparar en sus crímenes, necesita que la opinión pública se identifique con el bando de los «buenos», ocultando que asesinan sin piedad a población civil.

    Lenin, Trotsky y un puñado de correligionarios mantuvieron en el exilio la publicación “Iskra”, La chispa, hasta que tomaron el poder.
    “Agitprop”, Agitación y Propaganda, fueron términos de acción inventados por ellos, y que al formar la Unión Soviética redefinieron como Departamento Ideológico. Si lo hacían para disimular, peor me lo pones, porque alude al arrasamiento de toda idea que se aparte de lo que la cúpula en el poder ha decidido que la población tiene que pensar, creer y ejecutar.
    En España se ha concretado en la asignatura obligatoria “Educación para la Ciudadanía”.
    Aquellos líderes, que martirizaron a las poblaciones a las que prometieron salvar, mantenían que la propaganda debía incidir en la mente (“pasiva”) de los individuos, y la agitación, en sus emociones (“activas”). Aunque científicamente no sea así, en su análisis tenían claro que había que saturar la mente de las “masas”, hacer de ellas ejércitos de zombies mediante la repetición de eslóganes, o de interminables discursos de asistencia obligatoria –Castro y otros aplicaron la técnica-, para enardecerlos y lanzarlos a propagar irracional y violentamente el evangelio que los líderes iban inventando y desmintiendo sobre la marcha. “Rebelión en la granja”, de George Orwell, describe lo que fue el estalinismo: el cinismo como forma de Gobierno. Ahí seguimos.
    Y las escabechinas que hubo entre los dirigentes de la Unión Soviética, o entre los altos mandos del nazismo, se dan hoy en todos los partidos, españoles y extranjeros, sin sangre, pero tratando de convertir al adversario en cadáver político.
    Nos enfadamos con familiares y amigos por defender la doctrina de un partido concreto, y nos tragamos pasivamente las ocurrencias más estúpidas y electoralistas, si son “de los nuestros”. Han logrado convertirnos en robots. Por ahora.

    La objetividad no existe; todo pasa por el filtro subjetivo de quien redacta o cuenta la noticia. Medios de derecha y de izquierda van de salvadores de la sociedad, según sus propios patrones: unos quieren que el Estado intervenga hasta en la sopa, en plan estalinista; otros, que la gente se apañe como pueda y apechugue con la vida que merece, en plan talmúdico-calvinista.

    COMER DE LA MUERTE

    Antaño había en los periódicos una sección titulada “Sucesos”, dedicada a la criminalidad, y se vendía un semanario llamado El Caso, dedicado exclusivamente a relatar todo tipo de delitos de sangre y catástrofes naturales, con víctimas; el truculento semanario se publicó de 1952 a 1987, cuando las televisiones tomaron el relevo.
    Los telediarios reviven hoy enteramente aquellas noticias de la España negra, con extensión internacional, que te sirven a cucharadas en tu propia casa, en coincidencia con comida y cena, mostrando primeros planos de charcos de sangre; de gentes mutiladas, muertas, agonizantes por las balas, el hambre y la enfermedad; desesperadas. A robar imágenes del drama ajeno, a contar desgracias, le llaman información. Y en ese término está la clave: información es no formación. Ni está formado el que lo perpetra ni el que lo recibe sin escandalizarse por la transgresión; porque es obvio que los medios de comunicación no pretenden colaborar en la formación de la gente, sino en mantenerla aterrada, incluso obscenamente satisfecha de estar a salvo de los infiernos que con tanto detalle describen los aguerridos periodistas. Donde quiera que se produzcan terremotos, inundaciones, accidentes de tráfico, crímenes, hambrunas, conmemoraciones de catástrofes, habrá cámaras, fotógrafos y reporteros para dar cuenta del sufrimiento. La ciencia, el arte, lo trascendente, no tienen cabida en las noticias.

    El que ejerce esta profesión, sabe lo que está haciendo: el texto que escribe, el tono en el que cuenta las noticias, las imágenes que selecciona para ilustrarlas, se lanzan con el objetivo de manipular. También se ve en las tertulias al que va de buenista, de equidistante, de inocente, de justiciero, de secuaz de políticos y financieros.

    De aquellos que nos cuentan lo que pasa en el mundo desde una posición ideológica o una meta política, sólo podemos defendernos contrastando publicaciones y cadenas de signo opuesto, para no aceptar pasivamente propaganda en formato de noticia.

    Stalin fue responsable de la muerte de decenas de millones de personas en los treinta años que estuvo en el poder, pero los intelectuales occidentales de izquierda prefirieron no creerlo, o minimizar el genocidio como mal menor, convirtiéndose en cómplices del carnicero.

    Hay periodistas, pocos, que suponen un riesgo para los que ocultan -desde altos cargos financieros, políticos, militares, policiales- sus crímenes de toda índole, y a esos profesionales incorruptibles se les margina, desprestigia o asesina; y hay una mayoría de periodistas que representan un riesgo para toda la población, a la que engañan, embrutecen y utilizan en beneficio suyo y de sus patrones.

    Cada uno sabemos, en ése y en otros terrenos, lo que estamos haciendo u omitiendo.

    Y sería recomendable que el lector contrastara los datos del presente texto para llegar a sus propias conclusiones, puesto que han sido seleccionados y argumentados por alguien que no podría tirar la primera piedra.
    No se trata de ser inocente o culpable, sino responsable, actitud que raramente se asume en este modelo en merecida descomposición.

    La vida es una oportunidad para rectificar lo que no se ha hecho bien. Pero es difícil recorrer el propio camino desde una razón saturada por mentiras científicas, políticas, económicas o culturales segregadas por los medios.

    Swinton denunciaba la condición de marioneta del periodista, y el tiempo le ha dado la razón. Pero esa marioneta vive, a su vez, de convertir en marioneta a la sociedad. Tiene delito.

    Carmina Fort

  • ASESINATOS “DEMOCRATICOS”. EL 11-S y el 11-M

    Escribí hace años el texto que hoy os ofrezco y que entonces decidí no publicar, en espera de respuestas, por lo que nombres, fechas y otros aspectos están desfasados, pero creo que sigue siendo válido tanto para evitar que caigan en el olvido los gravísimos hechos de toda laya que en él se relatan como para estar atentos a la manipulación permanente y violenta que grupos identificados o sin identificar ejercen sobre los ciudadanos de todo el planeta. Este artículo no es producto de una investigación propia, ya que todos los datos han sido previamente publicados o emitidos y sólo me he limitado a ponerlos en contexto.

    Los términos del titular deberían ser antitéticos, pero siempre han convivido; el poder político –o quienes lo manejan- se erige en justiciero, mientras asegura que nos cobija el “imperio de la ley”, un metafórico paraguas más temible que estar a la intemperie; porque la catarata de leyes evidencia el fracaso de la convivencia, y lo que persiguen los legisladores es limitar derechos, imponer doctrinas, boicotear el desarrollo personal desde la infancia, endurecer exigencias para acceder a cualquier bien, vedado a la población y disfrutado con blindaje por las clases que ejercen de dirigentes gracias a la obnubilación de los votantes, a los que se mete periódicamente en vereda mediante el terror indiscriminado.
    Las acciones terroristas tienen como resultado que los ciudadanos pidan mayor protección al Estado, aceptando como contrapartida leyes que restringen sus libertades, el espionaje a cualquier escala, los asesinatos selectivos o la invasión de países en aras de una seguridad física, que quizá se han encargado de socavar los propios políticos a través de servicios de espionaje y organizaciones secretas.
    Obama declaró en televisión que quien no crea que había que matar a Ben Laden, debería hacerse analizar (la cabeza). Su Fiscal General afirmó sin pestañear que al matarlo se ha hecho justicia. Y el mismísimo Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, recientemente reelegido por unanimidad, dijo sentirse “aliviado” con esa muerte, que considera justa.
    Los hijos mayores de Ben Laden han apelado precisamente a la ONU para que investigue las circunstancias de la muerte de su padre y la desaparición de su cuerpo en el mar. Ya tienen la respuesta del máximo representante del máximo organismo mundial, encargado de velar porque cualquier criminal tenga un juicio justo, los derechos humanos y otros detallitos.
    Un reciente reportaje de portada en el New Yorker corrobora lo que ya era sabido: que la operación “Gerónimo” tenía la misión de matar a Ben Laden, no de detenerlo, y constituye un caso ilustrativo de “asesinato democrático”: lo ordenó un presidente elegido democráticamente; se pagó con dinero público que recauda una hacienda democrática, de unos contribuyentes que son miembros de un país formalmente democrático.
    Y los asesinatos ordenados por el Gobierno de Estados Unidos se han seguido produciendo, al tiempo que sus representantes deciden en qué países se respetan o no los derechos humanos.
    La mafia y otras organizaciones terroristas también eliminan a sus enemigos. ¿Quién marca la línea que separa a un “padrino” asesino de un “presidente” asesino? Vendetta y Omertá. Así vivimos.

    BEN LADEN: DE AMIGO A ENEMIGO
    Tres meses después de que un comando de los SEALS, fuerzas de élite de la Marina, cruzaran desde Afganistán a Pakistán para matar a Ben Laden, veintidós de los miembros que habían participado en la operación murieron al derribar su helicóptero insurgentes afganos, según fuentes oficiales, mientras que otras lo atribuyen a una bomba oculta en el propio helicóptero, para silenciar a los testigos de aquella acción, cuyo relato oficial está lleno de contradicciones.
    Ben Laden fue reclutado en los años ochenta por la CIA para que formara un ejército de guerrilleros, armados y entrenados por ésta y financiados por Arabia Saudí, para expulsar a los soviéticos de Afganistán; hecho el trabajo, y tras una guerra civil, Ben Laden se identificó con el nuevo gobierno teocrático talibán (“talibán” significa estudiante; mullah, el que enseña), y se le atribuyen desde entonces todos los actos terroristas de supuesta raíz islámica… excepto el más dañino, el 11-S, ya que los fiscales estadounidenses, que le procesaron en 1998 por atentados contra intereses americanos en Somalia, Kenia o Tanzania, nunca lo hicieron por los atentados del 11-S, aunque el gobierno Bush le cargó la responsabilidad, justificando ante la opinión pública la “guerra global contra el terror”, y la subsiguiente invasión de Afganistán e Irak.
    En octubre del 2001, el corresponsal en Kabul de la cadena de televisión gubernamental catarí Al-Yazira, hizo una entrevista a Ben Laden, que no se emitió, ocultando incluso al mundo que existiera. Al mes siguiente, un misil norteamericano teledirigido destruyó las oficinas de Al Yazira en Kabul. Por su parte, la CNN, que tenía un contrato con esa cadena árabe, supo de la cinta y se hizo secretamente con ella, (lo que provocó el enfado de Al-Yazira, y la ruptura del trato) traduciendo al inglés su contenido, que todavía se encuentra en Internet, del que aportamos algunos extractos:
    Tayseer Alouni: “(…) América proclama que tiene evidencias convincentes de su implicación en los hechos de Nueva York y Washington. ¿Qué responde?
    Ben Laden: “América ha hecho muchas acusaciones contra nosotros y otros muchos musulmanes en todo el mundo. Su acusación de que estamos llevando a cabo actos de terrorismo es injustificada.
    En toda nuestra vida hemos escuchado una decisión judicial que condene a alguien basándose en que tiene una “prueba secreta”. Lo lógico es presentar esa prueba ante un tribunal de justicia. Y lo que muchos líderes han dicho hasta ahora es que América tiene sólo un indicio, y no una prueba tangible”.
    Las líneas anteriores, en las que Ben Laden se exculpa implícitamente del 11-S, fueron cortadas de la entrevista original por Al Yazira, tanto en la traducción del texto al inglés como en el vídeo: la cámara está fija sobre Ben Laden, y en el minuto 1´15 registra un salto de imagen, que corresponde a las frases suprimidas. Recordemos que el Gobierno de Qatar es un estrecho aliado de Estados Unidos.
    De esta forma, se ha podido seguir atribuyendo a Laden hasta hoy la autoría intelectual de los terribles atentados, obviando que los fiscales americanos nunca lo encausaron por aquellos hechos.
    Y resulta extraño que unas categóricas y comprometidas declaraciones de Francesco Cossiga, ex presidente de Italia, hechas al Corriere della Sera en 2007, hayan pasado desapercibidas:
    Francesco Cossiga: “Ben Laden, supuestamente “confiesa” que Al Qaeda habría sido el autor del atentado del 11 de septiembre a las dos torre de Nueva York, pero en todos los círculos democráticos de América y Europa, entre ellos los del centro-izquierda italiano, saben muy bien que el terrible atentado fue planeado y realizado por la CIA americana y el Mossad, con la ayuda del mundo sionista, para poder acusar a los países árabes, y para inducir a las potencias occidentales a intervenir, bien en Iraq, bien en Afganistán”.
    Ya anteriormente, Cossiga había expresado sus dudas sobre la autoría del 11-S:
    “El autor intelectual de los ataques ha tenido que ser una mente sofisticada, provisto de amplios medios, no sólo para reclutar a fanáticos kamikazes, sino también a un personal altamente especializado. Yo añado una cosa: los ataques no habrían podido producirse sin infiltraciones en el personal de seguridad de radar y de vuelo.”
    Y en relación a los supuestos vídeos de Al Qaeda que iban apareciendo, el antiguo mandatario italiano sentencia:
    “El vídeo en el cual reaparece Osama Ben Laden (…) y en el que se formulan amenazas a Silvio Berlusconi, no es otra cosa que un video-montaje realizado en los estudios Mediaset de Milán, y hecho llegar a la red de televisión Al-Yazira, que lo ha difundido ampliamente…”.
    Cossiga estaba perfectamente informado de las operaciones terroristas de “falsa bandera”, quizá como los atentados del 11-S y otros, ya que fue, junto con Andreotti, quien ayudo, según confesión propia, al establecimiento en Italia de la red Gladio, de la que se hablará más adelante.
    En la entrevista de Al Yazira, se pregunta a Ben Laden sobre Al-Qaeda, la organización a la que servicios secretos y medios de comunicación atribuyen una red extendida por medio centenar de países, que cometen acciones terroristas por orden suya:
    Ben Laden: “Ese tema no está relacionado con este pobre servidor de Dios, ni con la organización Al-Qaeda, que es un nombre muy antiguo; nació sin intención por nuestra parte. El hermano Abu Ubaida al-Banshiri creó una base de entrenamiento de jóvenes para luchar contra el vicioso, arrogante, brutal y aterrorizador imperio soviético, así que este lugar se llamó “La base” (Al-Qaeda), como una base de entrenamiento, y el nombre creció y permaneció”.

    SOSPECHAS DE TODO PELAJE
    Robin Cook, ex ministro de Exteriores británico, quien dimitió de su puesto por oponerse a la guerra contra Irak que preparaban Blair y Bush basándose en la posteriormente demostrada falsedad de que Sadam Hussein disponía de armas de “destrucción masiva”, y apoyaba a la organización Al-Qaeda, había escrito:
    “Al-Qaeda, literalmente “la base de datos”, era originalmente una lista de ordenador de los miles de combatientes que fueron reclutados y formados con ayuda de la CIA para derrotar a los rusos.”
    Cook precisó cuatro semanas antes de morir, en circunstancias extrañas –como extraño fue el presunto suicidio del profesor Kelly, experto en armas biológicas, quien viajó cuarenta veces a Irak desde la primera Guerra del Golfo, en busca de las nunca halladas armas de destrucción masiva-:
    Cook: “La verdad es que no existe un ejército islámico o grupo terrorista llamado Al Qaeda. Y cualquier agente informado de los servicios de inteligencia lo sabe. Pero hay una campaña de propaganda para hacer creer a la población que hay una entidad identificada representante del mal, sólo para conducir a los espectadores de televisión a aceptar un liderazgo unificado internacional en una guerra contra el terrorismo. El país que está detrás de esta propaganda es Estados Unidos.”
    Y el antiguo consejero de Seguridad Nacional, el polaco Zbigniew Brzezinski, declaró ante el Senado de Estados Unidos en 2006 que “la guerra contra el terror es la narración de una historia mítica”. En 1998 había admitido al Nouvel Observateur que la CIA comenzó a operar militarmente en Afganistán antes de la invasión soviética, precisamente para provocar la intervención de los rusos, en previsible respuesta a la petición de ayuda del gobierno prosoviético de Kabul, atrayéndolos así a una trampa que se convertiría, según Brzezinski, en “su Vietnam”, que debilitaría su poder militar y político.
    Y hay más aspectos maquiavélicos que intervienen en esa orquestada confusión.
    Seymour Hersh, experto periodista del New Yorker, descubrió que cientos de soldados del Mossad llevan mucho tiempo en Irak:
    “Estos ciudadanos israelíes llegaron a Irak disfrazados de civiles árabes o kurdos, hombres de negocios, ¿quizá contratistas? ¿Quizá bajo contrato con la oficina de los neoconservadores del Pentágono?
    ¿De cuántas de sus acciones ha sido acusado Abu Musab al-Zarqawi? ¿De cuántas acciones terroristas de Israel se ha culpado a Al-Qaeda?
    He investigado el desarrollo de los muyahidines, y esta es mi conclusión:
    En los años 80, Israel supervisó el reclutamiento de muyahidines árabes afganos, supuestamente para luchar contra Rusia. Fueron carne de cañón y refugiados, antes de acabar en Guantánamo. El verdadero propósito era que ayudaran a Israel a crear un mito práctico: Al-Qaeda. Los muyahidines árabes eran inofensivos, como recientes revelaciones de Guantánamo han demostrado.
    La CIA encargó a especialistas de la inteligencia israelí y judío-americana -siendo los israelíes aliados y expertos en Oriente Medio- el reclutamiento de árabes muyahidines, que Estados Unidos emplearía contra Rusia. Israelíes disfrazados como misioneros árabes o paquistaníes incluso dirigían centros de reclutamiento. Israelíes que se hacían pasar por misioneros árabes fueron detenidos en India, e Israel se apresuró a rescatarlos”.
    (Según noticia aparecida en la revista india “The Week”, el 12 de enero del año 2000, oficiales de inteligencia en Calcuta detuvieron a once extranjeros, que se disponían a embarcar en un vuelo a Bangladesh, ante la sospecha de que se tratara de un grupo de secuestradores aéreos de Al Qaeda; los detenidos declararon que habían estado dos meses en India en “Tablig” (movimiento islámico de predicación, originado en India), pero todos ellos tenían pasaporte israelí. El Gobierno indio los dejó en libertad por las presiones de Israel.)
    “Los propios muyahidines árabes”, continúa Hersh, “eran ineficaces y casi inútiles. He escuchado a los parientes de muchos de los que murieron en vano en torpes incidentes en Afganistán.
    Todo lo que querían los sionistas era una historia, un mito que les permitiría crear otro mito: Al-Qaeda. Los sionistas necesitaban este mito como excusa para sus planes a largo plazo de la “guerra contra el terror”, una guerra para desestabilizar Oriente Medio y poner al mundo contra los musulmanes.
    Ni Ben Laden ni los refugiados árabes de los que éste se ocupó tuvieron significancia militar. Los propios afganos fueron realmente los muyahidines eficaces porque conocían el territorio y la estructura tribal. De hecho, los afganos veían a los árabes como un estorbo.
    Cuando los neoconservadores mentirosos hablan sobre el terrorismo árabe-islámico y Al-Qaeda, están de hecho hablando de lo que ellos mismos están haciendo. Están hablando de las actividades encubiertas de Israel.
    Los árabes no están involucrados. Comandos israelíes se mueven usando identificaciones árabes falsificadas o robadas y, si es necesario, usan máscaras para ocultar sus auténticas identidades, por ejemplo en los vídeos de decapitaciones.
    Israel continúa engañando lo que haga falta para probar que la guerra contra el terror, es decir, la guerra contra los árabes, tiene que continuar.
    Escuchadlos más atentamente, amigos. Los sionistas entre nosotros han estado diciéndonos todo el tiempo la verdad: basta con que reemplacéis “árabe” por “israelí”, “Al-Qaeda” por “Mossad”, etc.”
    ¿Insidias de un antisemita? Da la casualidad de que Seymour Hersh es judío; Premio Pulitzer 1970 por desenmascarar la masacre perpetrada por tropas americanas contra población civil en la aldea sudvietnamita de My-Lai.

    ASESINATOS SELECTIVOS
    La técnica del “asesinato selectivo” viene de lejos; cuando interesa desencadenar una guerra, se busca a la víctima propiciatoria que justifique ante la opinión pública la acción bélica: la voladura del Maine, para la Guerra de Cuba; el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, para la Primera Guerra Mundial; el ataque a Pearl Harbour, para que Estados Unidos entrara en la Segunda. Más recientemente, Afganistán, Irak, Libia… Es raro que una guerra esté desvinculada de las materias primas, la geopolítica, las empresas de armamentos o las altas finanzas.
    El terrorismo también se emplea para llegar al poder o mantenerlo, para desequilibrar a la sociedad, empobrecerla y someterla.
    Que la Unión Soviética matara a disidentes dentro y fuera de sus fronteras entraba en la lógica de una dictadura, no del todo desaparecida en sus métodos, ya que Rusia sigue eliminando a gente molesta: políticos, periodistas, abogados, antiguos espías dispuestos a hablar; o se vuelan edificios para culpar a los chechenos.
    Mladic está en La Haya para afrontar un juicio por genocidio. A otros, con menos muertos a sus espaldas, o con ninguno, se les condena a muerte sin juicio.
    Hace muchos años que Israel aplica “su justicia” para quitarse de en medio a quienes considera una amenaza, o en represalia por ataques, con múltiples víctimas “colaterales”. Los dirigentes de las naciones occidentales miran a otro lado ante esos actos de terrorismo de Estado, de Estado democrático, justificados siempre en la “seguridad”, y el “derecho a defenderse”.
    En España, los socialistas trataron de imitar al Mossad, KGB, CIA y otros eliminadores, montando el GAL, aunque aquí, como de costumbre, el resultado fue una chapuza, por desgracia con víctimas: unas, seleccionadas por los fontaneros del poder; otras, “colaterales”, todas a manos de asesinos profesionales, tanto los que fueron contratados para un trabajo letal puntual, como los que cobran en calidad de funcionarios del Estado. La intención de sus jefes políticos era -es- la misma que mantienen individuos dentro y fuera de los tribunales: erigirse en Dios, decidiendo sobre la vida y la muerte de congéneres.
    No había intención de llevar a Ben Laden ante un tribunal, porque sabía demasiado; y el 11-S, que ha servido para justificar en el último decenio todo tipo de tropelías contra la población civil y el derecho internacional, sigue rodeado de incógnitas.
    El documental “Fábrica de espías”, emitido por RTVE, relata que los teóricos suicidas de los aviones, no sólo consiguieron visados para entrar en Estados Unidos, a pesar de estar en una lista de sospechosos, sino que algunos de ellos se habían alojado en el hostal Valencia de Laurel, pueblecito de Maryland, a sólo tres kilómetros de la central de la poderosa NSA (Agencia Nacional de Seguridad), que a partir de los atentados, y merced a una ley aprobada por Bush, que Obama acaba de prorrogar por otros cuatro años, puede controlar sin límites ni permisos las comunicaciones de cualquier ciudadano, empresa o institución americanos –hasta entonces prohibido sin orden judicial-, y las del resto del mundo, como han hecho siempre. En España también tienen el dedo fácil para intervenir comunicaciones, que algunos tribunales anulan como prueba, sentando en el banquillo al juez prevaricador que las ordenó.
    Con raras excepciones, los políticos de todo el mundo han aprobado el asesinato de Ben Laden; Zapatero se ha permitido incluso felicitar a Obama, quizá justificando la acción en los atentados de Madrid, que precisamente lo llevaron al poder, y que Al Quaeda nunca reivindicó; unos atentados rodeados de tantas o más incongruencias que el 11-S, como puede comprobarse con estupefacción leyendo las distintas informaciones al respecto, de las que recordamos algunos detalles:

    LOS HILOS DEL 11-M
    ETA roba un coche para cometer un atentado, justamente en el callejón en el que tiene un garaje Suárez Trashorras, confidente de la policía, acusado de proporcionar los explosivos Goma-2 ECO, que supuestamente estallaron en los trenes.
    Dos caravanas con explosivos salen el mismo fin de semana hacia Madrid; una es de ETA, viene de Francia, y es detenida en Cañaveras en un extraño episodio. La otra es de Suárez Trashorras, y uno de los conductores es el Chino, también confidente de la policía, traficante de drogas, que viaja con frecuencia al País Vasco.
    Cometido el atentado, empiezan a pasar cosas de película:
    Aparece una mochila en Vallecas, que nadie había visto antes, con una tarjeta para el móvil, que no podría haberla hecho estallar, conteniendo gran cantidad de metralla, cuando la forense que revisó a las víctimas ha declarado que en ninguna de ellas había signos de metralla (clavos o tornillos).
    Aparece una cinta en una papelera junto a la mezquita de la M-30, en la que el islamismo radical asume el atentado.
    Aparece una furgoneta Kangoo, que los rastreadores no vieron antes, con pruebas incriminatorias para un puñado de pequeños delincuentes, también confidentes de la policía.
    Se destruyen los vagones; desaparecen casi todos los restos, kilos y kilos, que habían sido acumulados en dependencias policiales; las muy escasas pruebas que se presentan al juez han sido lavadas primorosamente con acetona; no hay rastro de las ropas o accesorios de las víctimas.
    Los peritos independientes descubren en una de las muestras, que no lavaron bien, dinitrotolueno, un componente de la Titadyne, que emplea ETA.
    El jefe provincial de los TEDAX declara que los destrozos en los trenes no han podido ser causados por dinamita, sino por un explosivo de uso militar tipo C-3 o C-4.
    Tres semanas después del 11-M, una operación conjunta de la Guardia Civil y la Policía francesa permitió descubrir en Saint-Michel, cerca de la frontera española, una fábrica y almacén de explosivos de ETA, entre los que se encontraron cien kilos de SEMTEX, la versión checa del explosivo militar C4, que fabricado de forma ilegal, no incluye unos marcadores químicos que permiten detectarlos, y por tanto no dejan rastro tras la detonación.
    Luego está el lío de los teléfonos (como en el caso Faisán), que lleva a la detención de una serie de personas en Lavapiés, entre ellos Zougan (que al entrar detenido en comisaria, hace una extraña pregunta a los periodistas: ¿”Quién ha ganado las elecciones?”) Un testigo clave, que sirvió para condenar a Zougan como autor material, dice ahora que la policía le mostró su foto no al día siguiente de la masacre, como afirma la sentencia, sino dos semanas después.
    Un ingeniero especializado en mecánica de máquinas vio a los dos días del atentado cómo un tráiler, sin ningún tipo de escolta policial, trasladaba por la M-IV uno de los vagones estallados en los atentados, que por su conocimiento profesional cree que se dirigía a una fundición situada en esa carretera. De los restantes vagones tampoco ha quedado rastro, lo que ha impedido determinar el tipo de explosivo que se utilizó.
    Las declaraciones de varios TEDAX ante la jueza Coro Cillán, quien instruye desde 2009 la causa abierta contra el entonces jefe de ese cuerpo, Sánchez Manzano, por su actuación en el 11-M, apuntan que éste llegó con sus hombres, y les quitaron las muestras que habían recogido; que no es normal que se lleven los restos de los explosivos y no se comparezca ante la Brigada que está investigando los hechos; que no entienden por qué la Policía Científica no estaba allí, en estaciones como Atocha, si ellos eran los competentes para hacer la inspección ocular; y los artificieros de Sánchez Manzano mezclaron los restos, imposibilitando que se supiera a qué foco pertenecía cada uno. Ingentes cantidades de restos, que han desaparecido. Este personaje está imputado junto a la jefe perito del laboratorio de los artificieros por destrucción de pruebas clave, y acusado de encubrimiento, omisión del deber de perseguir delito y falso testimonio. Ahí es nada. Paradójicamente, Rubalcaba ha premiado tan ejemplar historial, ascendiéndole a comisario principal, un cargo que no perderá cualquiera que sea la resolución judicial.
    Y la juez Cillán sigue sin obtener respuesta de la Audiencia Nacional, a la que ha solicitado en varias ocasiones que le confirme si fue el juez del Olmo quien ordenó destruir los trenes.

    NI EN MONTAÑAS LEJANAS, NI EN DESIERTOS REMOTOS
    Aznar tendrá que desvelar algún día el sentido de las enigmáticas palabras que dejó caer en la comisión parlamentaria para el esclarecimiento -es un decir- del 11-M, cuando apuntó con aplomo que los autores intelectuales de los atentados no estaban “en montañas lejanas, ni en desiertos remotos”. Y mantuvo que ETA colaboró en la masacre.
    Los autores intelectuales siguen sin ser descubiertos.
    Cuando algo tan atroz sucede, hay que preguntarse a quién beneficia. El PSOE ganó, contra todo pronóstico, las elecciones generales, y ETA prosiguió sus negociaciones con los socialistas, hasta obtener lo que quería: entrar por la puerta grande en las instituciones tras beneficiarse de la esperpéntica sentencia política de ese Tribunal Constitucional embarrado.
    ETA ha conseguido internacionalizar el “conflicto”; se habla de “paz”, como si hubiera habido dos contendientes armados. Ni se disuelven ni entregan las armas; equiparan a los asesinos con los asesinados; exigen la amnistía a los presos; referéndum soberanista, en el que una sociedad aterrada desde hace medio siglo, difícilmente votaría en libertad: se han profanado lápidas de los asesinados; se han recibido amenazas verbales y escritas en los muros, al más puro estilo mafioso, y todos saben quién tiene que bajar la cabeza y quién se enseñorea de las calles. Con Bildu en las instituciones locales y autonómicas, y Amaiur en el Congreso, obtiene la fuerza política para avanzar hacia la independencia, y supervisará desde la amenaza de las armas el plan trazado desde hace años.
    Y mientras, Rubalcaba declara a propósito del final de ETA: “Dentro de muy poco, trataremos de no recordar lo que nos pasó”. A él no le pasó nada.
    ¿Cómo hemos llegado a esta situación de iniquidad?
    Hagamos un poco de memoria, que con tanta frecuencia perdemos en este país.
    En 1995, ETA, que ya entonces negociaba con el Gobierno de Felipe González, intentó matar a Aznar con un coche bomba, para generar una convulsión social, evitando que la derecha llegara al poder. El Gobierno socialista daba sus últimos estertores, y su cúpula de Interior estaba en la cárcel por los crímenes de los GAL y el robo de fondos reservados; González declaró en el Tribunal Supremo que él no sabía nada.
    El juez Garzón se había vengado de González: “Me he sentido engañado”, declaró quejumbroso el juez estrella, tras ir en las listas socialistas para convertirse en ministro del Interior, a cambio de congelar el expediente sobre el GAL, que reactivó tan pronto se reincorporó –de inmediato y sin pudor- a la Audiencia Nacional, lo que llevó a la cárcel a la cúpula de Interior, y dejó en el aire la identidad de un señor X, responsable último del terrorismo de Estado.
    Cuando Aznar ganó las elecciones en 1996, González le exigió que sacara a sus hombres de la trena. ¡Increíble! Y lo más increíble es que Aznar concedió con rapidez un indulto parcial (González quería un indulto total), conmutando dos tercios de las penas a los condenados por el GAL, que fue poniendo en la calle a los siguientes ex altos cargos:
    José Barrionuevo, ministro de Interior; Rafael Vera, secretario de Estado para la Seguridad; Julián Sancristóbal, director general de Seguridad; Francisco Álvarez, jefe de la Lucha Antiterrorista; Miguel Planchuelo, jefe de Policía de Bilbao; Ricardo García Damborenea, secretario de los socialistas de Vizcaya.
    González los había sustituido por otros hombres de su confianza, y Aznar confirmó al llegar al poder a algunos de ellos, que debían sus carreras y consiguiente lealtad a los socialistas, como era el caso de Jorge Dezcallar, experto en islamismo, embajador en Marruecos y jefe de antena allí del espionaje español. Aznar lo fichó como jefe del Cesid –luego CNI-, y fue Dezcallar quien descartó reiterada y firmemente, basándose en su amplia experiencia, y en sus consultas con los más importantes servicios secretos, cualquier implicación del islamismo radical en el 11-M, empujando al Gobierno del PP a decantarse en exclusiva por ETA como responsable de los atentados, hasta que una providencial cinta reivindicativa del islamismo radical fue encontrada, dicen, por un antiguo policía, cuyo nombre no ha trascendido, en una papelera cercana a la mezquita de la M-30, dejando a Aznar y su gobierno en cueros.
    Mal deben de andar las pensiones si los ex funcionarios tienen que estar rebuscando en las papeleras. ¿Y si la cinta la hubiera cogido un niño, o un indigente, o un basurero hubiera vaciado la papelera? Hubo mucha “suerte”; la cinta la “encontró” alguien justo a tiempo, a dos días de las elecciones.
    En 1999, Aznar, en respuesta a una iniciativa de ETA, olvidó que habían tratado de matarlo, y autorizó una serie de reuniones con la banda para explorar el posible abandono de las armas a cambio de la libertad de presos, pero las negociaciones finalizaron al rechazar las exigencias políticas de los terroristas. Y Aznar ganó por mayoría absoluta las elecciones del 2000. No optaría a un tercer mandato, pero su partido, al que las encuestas daban ganador en las elecciones de 2004, seguiría aplicando respecto a ETA el mismo principio de no ceder al chantaje.
    ¿Qué hacer con este hombre tan obcecado, alma de su partido, al que no lograron matar ni arrancarle concesiones políticas? La guerra de Irak fue la oportunidad. Aunque Aznar apenas envió tropas, y sí un barco hospital, que llegó a Irak en Agosto, cuando la guerra había comenzado en abril, y finalizado en mayo, el ego le jugó la mala pasada de fotografiarse en las Azores junto a sus amigos, Bush y Blair, como escudero de los paladines de la invasión.
    El 11-S fue la excusa de diversas potencias para arrasar el poder político y militar en Afganistán e Irak, rebosantes de materias primas, enriqueciendo a particulares y empresas, especializadas en armamento, tecnología, servicio de guardaespaldas o contratistas, vinculadas algunas de ellas con altísimos cargos de la administración estadounidense.

    ETA Y EL ISLAMISMO RADICAL
    Precisamente en el Afganistán de los talibanes se entrenó durante 18 días en enero del 2001 un comando de tres miembros de ETA, en el manejo de misiles; y ya se sabe que los lazos se estrechan cuando se comparte el objetivo de “liberar” a los respectivos pueblos. Lo que recuerda la ingeniosa frase: “¡Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros!”. Y los etarras compraron a los talibanes tres misiles, pensando dedicar al menos uno de ellos al derribo del avión de Aznar. ¡Qué fijación!
    Quien rechaza la conexión entre grupos terroristas occidentales e islamistas, está ocultando hechos como una reunión que tuvo lugar en el año 2000 en el norte de Italia, en la que participaron representantes de ETA, Ira Auténtico, Hamás, Hizbolá, Grupo Salafista, Al-Qaeda…
    O la evidencia de que entre diciembre del 2000 y enero del 2001, diez miembros de Hamás recorrieron el País Vasco y Navarra, entrevistándose con varios alcaldes de Batasuna.
    También hubo miembros de ETA en Irak, haciendo de escudos humanos frente a la invasión americana, y colaborando en atentados. Dos de esos escudos humanos podrían ser los que conducían la caravana con explosivos detenida en Cañaveras, mientras la caravana del Chino seguía su viaje a Madrid, después de ser multado varias veces, llevando documentación falsa.
    Así que la banda tenía amigos entre los radicales islamistas, como demostró la conexión en prisión de algunos de ellos con etarras, por lo que no había necesidad de ir a montañas lejanas para importar a pardillos.
    A un puñado de pequeños delincuentes, trapicheantes de droga y confidentes de la policía, se dice que les ofrecieron 3.000 euros por cada mochila colocada en los trenes. (Mochilas innecesarias si lo que se empleó fue el explosivo C-4, que cabe en una cajetilla de tabaco). Pero los islamistas radicales no cobran, pagan con su vida la ejecución de un atentado, y siguiendo el guión, Gabilondo contaba en la SER que había suicidas en los trenes. Pobre hombre. Y los sms, que muchos recibimos y parece que salieron de las filas socialistas (“Y Aznar ¿se va a ir de rositas?”), sirvieron para congregar el día antes de las elecciones, rompiendo la jornada de reflexión, a multitudes amenazantes en las sedes del PP, que culpabilizaban a Aznar de la masacre y justificaban los asesinatos como legítima vendetta por la guerra de Irak. Y a diferencia de Estados Unidos, donde la población reeligió a Bush, rechazando que el terrorismo dictara su voto, en España hubo un abyecto vuelco electoral.
    Pero el 11-M no sólo benefició a los socialistas, y a ETA, como ésta reconoció en un comunicado interno en 2009, sino también a Bush, porque le permitió reafirmarse en el peligro del islamismo radical y justificar ante su opinión pública las ya entonces impopulares invasiones de Afganistán e Irak; las bajas americanas; el fracaso de la marcha de la guerra en esos países, y ganar la reelección.
    La responsabilidad de los atentados del 11-M se ha sustanciado en los tribunales con condenas a un puñado de delincuentes de poca monta, bien conocidos de los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado.
    Y se da la circunstancia de que, según informaciones publicadas, el Tunecino y otros de la supuesta trama pasaron, seis días antes de los atentados, por la comisaría de Ventas. El, y otros correligionarios se habrían suicidado en un piso de Leganés, llevándose por delante al jefe de los GEO al mando de la operación, una operación con desenlace idéntico al de Ben Laden. Todos ellos sabían demasiado.
    El argelino Allekema Lamari, que cumplía pena de prisión por pertenencia a banda armada, quedó incomprensiblemente en libertad en 2002, dos años antes de lo que correspondía. Los tres jueces que decretaron su libertad dicen no recordar por qué lo hicieron.
    Lamari murió en la explosión del piso de Leganés, y está considerado por los investigadores, a toro pasado, el principal cerebro del 11-M.
    ¿Qué pasó realmente en Leganés? Si aquellos hombres eran fanáticos islamistas ¿cómo se atrevieron a desobedecer una orden explícita de su Libro sagrado?
    El Corán dice en su azora 4, versículo 33: “…Y no os matéis vosotros mismos…”. Y en el 34: “A quien haga eso con injusticia e iniquidad, le haremos consumir en fuego…”
    El sirio Moutaz Almallah -cuyo hermano Mouhammad fue condenado a 12 años de cárcel por el 11-M y absuelto posteriormente por el Tribunal Supremo-, que está procesado por su presunto apoyo a algunos de los implicados en los atentados, dijo durante el juicio: “Doy el pésame a las víctimas, y a todos los inocentes”. ¿Quiénes eran esos inocentes?
    El confidente marroquí de la policía española apodado Cartagena, que trabajó, o trabajaba todavía, para los servicios secretos marroquíes en los meses anteriores al 11-M, ha contado que su controlador le pidió que fuera ese mismo día al piso de Leganés, pero tuvo miedo y no fue. Su intuición le salvó la vida.
    VERSION OFICIAL O CONSPIRANOICOS
    A diferencia de España, donde pocos se permiten dudar en público de la versión oficial, en Estados Unidos existen diversas asociaciones, algunas de ellas integradas por intelectuales, ex altos cargos políticos, catedráticos y otros cualificados profesionales, que rechazan la versión oficial y exigen que se investigue la catástrofe, como “Architects and Engineers for 9/11 Truth” (Arquitectos e Ingenieros por la Verdad del 11-S, quienes atribuyen a demolición controlada la caída de las torres y del rascacielos 7) o “Scholars for 9/11 Truth and Justice” (Académicos por la Verdad y la Justicia del 11-S, porque su formación y obligada altura moral los impele a rechazar la nebulosa que rodea los atentados).
    Tanto allí, como entre las limitadísimas iniciativas que hay en España para esclarecer la verdad del 11-M, las sospechas de los investigadores apuntan a que en ambos atentados se trató de un “Inside Job”, un trabajo planificado “desde dentro”, cuya total y exclusiva responsabilidad se ha venido atribuyendo hasta ahora a los socorridos islamistas radicales, por parte de la izquierda; a ETA, por parte de la derecha. Y a partir de los datos y coincidencias expuestos más arriba, incluso en colaboración.
    Pero Julio Anguita declaró hace un par de años en un programa de televisión que el 11-M no fue obra ni del islamismo radical ni de ETA, según informaciones que prefirió no desvelar; y periodistas especializados en el tema han llegado a la misma conclusión, basándose en que ni radicales islamistas ni etarras hubieran podido introducir una mochila-señuelo en una comisaria, y muchos menos, ordenar la destrucción de los restos recogidos por los TEDAX, de las ropas y efectos personales de las víctimas, o el desguace total de los vagones estallados…
    ¿Quién lo hizo entonces?

    GLADIO
    En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, los servicios secretos americanos y británicos montaron sendas operaciones: una se bautizó Paperclip, y tenía como misión proporcionar a nazis, valiosos por sus conocimientos, una nueva identidad (de ahí el nombre de clip, que sujetaba los papeles); muchos se quedaron en Alemania, entrando en las nuevas instituciones, con un pasado oficial limpio de crímenes, y la misión de espiar para quienes los habían salvado del juicio de Nuremberg; otros fueron a Estados Unidos para desarrollar el programa espacial, tecnología, y hasta métodos de control mental, que la CIA aplicó a muchos de sus ciudadanos sin su consentimiento.
    La otra operación fue Gladio, un ejército de retaguardia, organizado para impedir que los partidos comunistas de Europa Occidental llegaran al poder.
    El programa de la BBC “The Power of Nightmares” (El poder de las pesadillas) demuestra que los mayores atentados en Europa después de la II Guerra Mundial, o la eliminación puntual de dirigentes molestos, como Aldo Moro, fueron obra de organizaciones creadas y financiadas por diversos servicios de información, tal que Gladio o la masónica P-2. Y los grupos o grupúsculos tanto de extrema izquierda como de extrema derecha, en España y en otros países, los crearon mercenarios, aprovechando el idealismo de los jóvenes para convertirlos en “zombies” al servicio de la desestabilización puntual que convenía –y conviene- a quienes diseñan la estrategia para controlar las vidas y las mentes de los inadvertidos ciudadanos.
    SIMULACROS TERRORISTAS: AVIONES, TRENES, METROS.
    Mueve a perplejidad que se tengan por “coincidencias” los siguientes hechos:
    El 11-S se estaba realizando en Estados Unidos un simulacro de atentado terrorista mediante el secuestro de aviones, circunstancia que impidió, dicen, la reacción adecuada para impedir los ataques, al mezclarse ficción y realidad.
    En la semana previa al 11-M, la OTAN desarrolló en varias ciudades europeas, Madrid entre ellas, un ejercicio militar que contemplaba ataques terroristas. El ejercicio terminó el 10-M. La ficción se hizo realidad.
    El 7-J tenía lugar en Londres un simulacro de atentado a estaciones de metro; de las 240 con las que cuenta la ciudad, se eligieron tres como foco del operativo: fue precisamente en esas tres en las que estallaron las bombas que mataron a 56 ciudadanos.
    Los tres atentados, como tantos otros, se los endosaron a Al-Qaeda, esa cómoda franquicia esgrimida por quienes crearon el mito, denunciado como tal por Robin Cook y Seymour Hersh.
    En lo que se refiere al 11-M, su preparación de efecto psicológico comenzó meses antes, con algunos extraños crímenes de espías españoles en Irak, de los que se buscaba culpabilizar al Gobierno de Aznar, por su apoyo a esa guerra.
    EL PREMIADO ESPIA QUE NO ACERTABA UNA
    Nada más llegar al poder, Rodríguez Zapatero nombró a Jorge Dezcallar embajador ante la Santa Sede; dos años más tarde, respaldó su incorporación a la actividad privada como consejero internacional de Repsol, y tras ganar las elecciones en 2008, lo puso al frente de la embajada en Estados Unidos. ¿Por qué se le concedieron dos de los destinos más prestigiosos de la diplomacia española?
    Aznar había nombrado a Dezcallar en 1997 embajador en Marruecos, basándose en su amplia experiencia en el mundo islámico, y sin duda con la aprobación del Rey, tan cercano en todos los sentidos a los monarcas tiranos de ese país; en 2001 lo puso al frente del CESID, con el respaldo entusiasta del PSOE -uno de los nuestros- y de IU, por ser el primer civil que ocupaba el puesto, con el encargo de reorganizar el servicio, que pasaría a llamarse CNI.
    En 2002, el “experto” no se entera de que el rey de Marruecos prepara la invasión del islote Perejil, una acción de tanteo plausiblemente alentada por Francia, que observa con disgusto la protección que Bush y Blair otorgan a Aznar, permitiéndole tener su propia política exterior, y zafarse de los intereses del prepotente vecino, que durante decenios ha protegido a ETA para desestabilizar a España. La fortaleza de Aznar queda probada cuando el Gobierno Bush, a pesar de ser un estrecho aliado de Marruecos, advierte por medio de Colin Powell que hay que volver al “status quo” anterior a la ridícula invasión. Trillo manda entonces su armada invencible y reconquista el islote y las cabras.
    En mayo del 2003, cuando la guerra de Irak ha concluido, un espía español adscrito a la embajada en Bagdad vuelve al país, siendo asesinado en un extraño episodio: el guardia se había ausentado una hora antes, y él mismo abrió la puerta de la casa a sus asesinos, sin duda porque los conocía.
    En noviembre de ese mismo año, siete espías españoles son asesinados en las afueras de Bagdad, mientras que un octavo logra salvarse por la protección de un jefe comunal.
    Los estaban esperando, en una zona controlada por tropas americanas. ¿Quién filtró que viajaban en esos coches, y quién los hizo estallar?
    Ninguno de esos casos se ha resuelto.
    Y cuatro días antes de las elecciones generales, la masacre de los trenes.
    Esa misma mañana aciaga del 11-M, Dezcallar habló con Zapatero y con Rubalcaba. ¿Qué les contó? Parece que la oposición recibía información más puntual y precisa que el propio Aznar, quien formó de inmediato un gabinete de crisis, del que inexplicable o explicablemente excluyó a su jefe de espionaje. ¿Fue entonces cuando comprendió que no había que buscar a los autores intelectuales y materiales de los atentados ni en montañas lejanas ni en desiertos remotos?
    El caso es que los españoles estábamos en manos de Dezcallar, el expertísimo jefe del CNI, que no se enteraba de nada.
    ¿Por qué premió Zapatero a un inútil? ¿O lo hizo precisamente porque a ellos les resultó tan definitivamente útil?

    BENEFICIARIOS DE LOS ATENTADOS
    ¿Quién se benefició de la catástrofe, que dejó doscientos muertos –incluyendo a los “suicidas” de Leganés- y dos mil mutilados y heridos?
    – El PSOE, que ganó las elecciones.
    – ETA, que consiguió entrar en las instituciones con las marcas de Bildu y Amaiur. Recientes informaciones dejan al descubierto que representantes del PSOE no han dejado de negociar con la banda, mientras lo negaban ante la opinión pública (“Los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta”, acusó Rubalcaba), incluso cuando Zapatero firmaba en 2001 con Aznar el Pacto Antiterrorista, que era ya papel mojado.
    – Marruecos (casi todos los implicados eran confidentes marroquíes), un Estado teocrático que, paradójicamente, siempre se ha entendido mejor con los socialistas. Juan Carlos I también se ha entendido mejor con González y Zapatero que con Aznar o con Rajoy.
    – Francia, que devolvía España a su redil, con un Zapatero diciendo y haciendo estupideces, dando bandazos y ninguneado por las principales potencias.
    – Bush, quien reafirmó ante su opinión pública el peligro del islamismo radical, y logró la reelección.
    – Israel, ya que al concitarse mundialmente el odio al islamismo, les dejó las manos libres para seguir justificando el acoso a la población palestina.
    Tras abrirse en 2009 proceso al jefe de los TEDAX, Sánchez Manzano, por su delictiva actuación en los atentados, y las críticas de sus propios compañeros, el PP, por boca de González Pons, aseguró: “Cuando lleguemos al Gobierno”, (Rajoy planea hacer una limpia en la Guardia Civil, Policía Nacional y CNI, “para que no le pase lo que a Aznar”, se ha señalado) “facilitaremos todos aquellos documentos o pruebas que estén en manos del Gobierno de España y que hayan faltado en procedimientos anteriores”, porque “un país democrático no puede aceptar que sobre un asunto muy grave haya una parte de verdad que no sea desvelada”.
    El momento ha llegado. Hace 20 años que se esperan respuestas:
    ¿Quién lo ordenó, quién lo ejecutó, quién lo encubrió?
    Quizá metiendo en la ecuación a masones de alto nivel, el perejil de todas las salsas horrendas desde hace muchos decenios, obtengamos todas las respuestas. Y antes de ridiculizar a los conspiranoicos, analicen los datos.
    La causa del 11-M va a prescribir.
    Pregunta: los responsables de estos crímenes ¿se van a ir de rositas?

    Carmina Fort

  • ¿POR QUÉ PAGÓ UN ROTHSCHILD A CARLOS MARX POR SUS OBRAS ANTICAPITALISTAS?

    En el Museo Británico se guardan los cheques que Nathan Rothschild extendió a nombre de la Liga de los Justos, luego Liga de los Comunistas, institución impulsada por Marx y que le encargaría la redacción del “Manifiesto comunista”, síntesis de sus trabajos sobre la ineludible tarea de destruir violentamente al criminal capitalismo, del que los Rothschild eran su máximo exponente desde hacía entonces casi un siglo. ¿Absurdo? No tanto.
    Se dice que el rebelde apuntala el modelo (y el comunismo destructor de la individualidad humana fortaleció al capitalismo inmisericorde); que las tensiones sociales benefician a los que controlan el poder, como crudamente señaló el presidente Zapatero, secundado por el periodista Iñaki Gabilondo (está grabado), sobre la conveniencia para sus fines de que hubiera tensión social. Vergüenza. Fomentar la cizaña entre la población para pastorearla.
    Cuando las aguas ya no bajaban turbulentas en España, se sacó a la palestra la Guerra Civil; necesitaban el justificante del rancio franquismo para afianzarse; para decidir sobre memoria democrática, memoria histórica, sobre la ciudadanía, dictando lo qué deben retener nuestras neuronas, y cómo contaminar a nuestros niños con mentiras, reescribiendo la Historia que no fue.
    Los integrantes de ETA, presentados como gentes de paz por Zapatero, ese mefistofélico demente enriquecido por Venezuela, asesinaron a más de ochocientos seres humanos, supuestamente en su lucha contra la dictadura, y siguieron matando tras la muerte del dictador y de la amnistía que los puso en la calle, para seguir sembrando la muerte.
    La obra de Aramburu “Patria”, deja patente cómo fueron las vidas de quienes no comulgaban ¬–literal, por lo curas trabucaires– con ETA, y cómo siguen soportando impotentes la glorificación en sus pueblos de asesinos excarcelados.
    Sucede lo mismo con HAMAS en Gaza; hay miedo, hay chivatos, hay clientelismo, y aparecen adolescentes liberados por Israel envueltos en la bandera verde; lo que quizá no sabe esa población es que fue el primer ministro israelí quién fortaleció a HAMAS para debilitar a la Autoridad Palestina y alejar así un posible Estado palestino.
    Y al frente de España tenemos hoy a un psicópata, de modales en línea con el suegro de la sauna, que ha puesto al país patas arriba en todos los órdenes para seguir en el poder, tan inseguro está de su valía personal en campo abierto; alguien que estuvo años cobrando como consejero en una Caja de ahorros, hundida y rescatada con dinero público; que plagió un doctorado; que firma libros escritos por otros; que pacta el futuro de España, como si fuera de su propiedad.
    Estoy convencida de que el contenido de su móvil y el de otros hackeados por Marruecos –Interior y Defensa- está relacionado con sus intentos por derribar la monarquía (y con los chanchullos de su mujer), lo que explicaría su cesión del Sáhara a esa teocracia chantajista. Cuando a Israel le convenga, filtrará lo grabado por el sistema Pegasus, y entonces volveremos a oír ruido de sables, esta vez para defender los principios constitucionales. Y hasta es posible que el impostor de la democracia tenga que salir de naja en un maletero, eso sí, de dimensiones más amplias que el que usó su colega golpista. Aquí conviene recordar la abismal diferencia en el sutil idioma español entre un gran hombre y un hombre grande.

    Carmina Fort

  • VAQUEROS ROTOS: MOFA Y MODA

    Desde hace años, los pantalones vaqueros más caros son los que exhiben rotos, de medidas y formas variables, en distintas partes de la tela.
    Antaño, ir por el mundo con ropas agujereadas era una evidencia de pobreza extrema, que ni los zurcidos eran ya capaces de disimular. Y de pronto, a los dictadores de la moda les hace gracia la vestimenta de los vencidos de la Tierra, y deciden que hay que vestirse de pobre a cambio de altos precios; parece que cuesta mucho agujerear y deshilachar sólidas telas vaqueras, pensadas por el emprendedor Levi para proteger las extremidades y el culo de mineros, agricultores y rancheros, en la California de hace siglo y medio.
    Durante muchos años tras la Guerra Civil, se acostumbraba a “dar la vuelta” al abrigo para ocultar el desgaste del paño original. Y siglos antes, los hidalgos empobrecidos salían a la calle con una camisa de la que en realidad sólo quedaba la pechera visible; y se adornaban la barba con miguitas de pan para pretender que habían comido, cuando sus tripas rugían de hambre.
    También se estilaron un tiempo los pantalones “cagaos”, una moda que se inspiraba sañudamente en los internos de las cárceles, que recibían las prendas sin tener en cuenta las medidas de cada uno, y había que sujetarse con cinturón, dejando bajo el trasero una bolsa de tela vacía.
    Los pobres han intentado siempre disimular su pobreza, causa de vergüenza; los sometidos a las modas degradantes, se sienten encantados de vestirse con prendas rotas, como pobres de mentirijillas.
    “Arriba, pobres de la Tierra, en pie famélica legión…” Hacerse marxista fue el recurso social, afectivo, reivindicativo de muchos de esos famélicos de pantalones rotos para eludir la vergüenza y el hambre; pero también se adscribieron a esos partidos ricos ciudadanos, por snobismo, mala conciencia o incluso por solidaridad, que nunca fueron vistos forzadamente desharrapados sino con bufandas de diseño; y sus correligionarios peroraban desde las tribunas públicas ataviados de recia pana (tradicional “Levi´s” del currante español), un hábil trampantojo antes de saltar a Armani.
    Y también estaban los anarquistas, que sin partidos ni férreas disciplinas marcadas por los politburós a los militantes como a ganado, requerían respeto y solidaridad a todo ser humano por el hecho de serlo: que cada uno recibiera lo que necesitaba, mientras que los líderes comunistas eran agasajados y mantenidos con mucho más de lo que necesitaban.
    Decía jocosamente un amigo que cuando fuera comisario político habitaría en el Palacio de Liria, como representante del pueblo, ya que todo el pueblo no cabe.
    Estamos atravesando una etapa de cinismo y confusión en todos los órdenes; es sabido que las clases trabajadoras tratan de emular a los que han triunfado: un obrero se compra un par de casas, con sueños especulativos atizados por los bancos, que le acabarán embargando; otro, empapela su pisito con flores de lis, kitsch total. Y los empleados con bajos sueldos, ahorran para comprarse el pantalón roto, que sus abuelos procuraban ocultar al mundo.

    Carmina Fort

  • CANALILLOS Y TACONES DE AGUJA EN TELEVISIÓN

    El feminismo ha tratado siempre de que no se cosifique el cuerpo de la mujer, que no se enseñen culos femeninos para vender coches, que no se nos trate como a pedazos de carnes prietas para atraer la atención hacia cualquier producto, teniendo en mente al comprador masculino.
    Yo no veo en los platos de televisión (donde osados de ambos sexos se autodefinen “politólogos”, “analistas”, “expertos”, “periodistas”) a los hombres marcando músculos o paquete (caso de que los tengan); van siempre correctamente trajeados, con suéters o camisas bajo una chaqueta; encorbatados, algunos con dificultad porque carecen de cuello, manteniendo su dignidad sin enseñar siquiera unos pelillos de “pecho lobo”.
    ¿Por qué han decidido tantas mujeres hablar de política o de economía con el canalillo al aire? ¿Acaso tratan de distraer la atención para paliar la ausencia de neuronas activas? ¿O es para complacer a los kapos de la comunicación, todos hombres, para subir audiencias morbosas?
    Hoy la publicidad se cuida mucho de humillar a la mujer, pero son las propias mujeres “progresistas” las que dan la nota. Y no se trata de ponernos modositas en público, sino de respetar la propia dignidad tan arduamente conseguida.
    También vemos a conductoras de programas, de telediarios o entre isobaras caminar a saltitos como gorriones sobre tacones de aguja, algunas con vaqueros o leggins, la hortera total. ¿Quién las adereza con tal saña?
    Y puestos a ser crueles, pero realistas, como el tiempo no perdona, da grima ver a mujeres cercanas a la vejez enseñando partes íntimas como recuerdo de una juventud corporal perdida. Y da pena ver a mujeres jóvenes viviendo de sus cuerpos.
    Un poco de dignidad, señoras, que ha costado mucho salir del encasillamiento entre descocadas y amas de casa. Nos hemos liberado de corsés, cada mujer puede y debe ser lo que quiera, pero la retina lleva al cerebro nuestro aspecto, y de ahí se deduce que seguimos pagando el precio a un mundo controlado por valores masculinos.
    Decía Séneca: “No puede haber felicidad si las cosas en las que creemos son diferentes de las que practicamos”.
    Y si a alguien le molesta el contenido de este artículo, seguid el consejo de Safo: “Cuando la cólera se agite en tu seno, cuida tu lengua de los vanos ladridos”.

    Carmina Fort

  • EL VIRUS Y LA OMS

    El equipo de la OMS, que ha podido entrar en China un año después de declararse la pandemia para averiguar el origen del virus, lejos de la prensa y en total hermetismo, concluyó provisionalmente que no había averiguado nada de nada. Los integrantes de la misión apuntaban, en una única aparición ante los medios junto a funcionarios chinos, y en línea con los postulados de aquel país, que el virus es de directa procedencia animal, quizá el pangolín, quizá el murciélago, quizá un animal congelado procedente de un país extranjero, pero “improbable” que hubiera salido del Instituto de Virología de Wuhan, que trajina con esos virus. También se les dijo que el virus no parecía haberse detectado en Wuhan antes de diciembre de 2019, pero investigadores franceses han hallado pruebas de que el virus ya circulaba por Europa en noviembre, y también en América.
    Una vez salieron de China, esos mismos científicos empezaron a quejarse de que les habían dado información ya editada, no habían tenido acceso a todos los lugares que hubieran querido visitar, y desecharon por completo la posibilidad de que el virus hubiera llegado a China a través de congelados procedentes de otros países. Mucho más contundente se ha mostrado un miembro de la misión de la OMS: el norteamericano Jamie Metzl declaró a la televisión de su país que estaba en desacuerdo con el informe oficial; que todo había sido un engaño por parte de los chinos, que lo habían ocultado todo, y que existe un 85% de posibilidades de que el virus saliera del Instituto de Virología de Wuhan. Resulta que Metzl no es un radical partidario de Trump, quien congeló los fondos que Estados Unidos destina anualmente a la OMS, unos 500 millones de dólares, diez veces más de lo que aporta China, sino un miembro del Partido Demócrata, con altos cargos en la Administración Clinton.
    La ocultación practicada por la OMS hasta donde le ha sido posible en línea con China, que ha cubierto el planeta de muerte, enfermedad, ruina y miedo tiene su razón de ser en la figura del secretario general de ese organismo, el etíope Tedros Adhanom, con una biografía curiosa: se le acusa de terrorismo por ser miembro destacado del Frente de Liberación Popular de Tigray, de ideología nacionalista étnica y marxista, responsable de violaciones, esterilizaciones forzosas y otros crímenes contra la mayoritaria etnia Amhara. Entre otros cargos, Adhanom fue Ministro de Sanidad de su país, y el Observatorio de los Derechos Humanos (Human Rights Watch) le atribuye el ocultamiento de epidemias de cólera enmascaradas como “diarreas” para no dañar el turismo y los negocios, lo mismo que haría en los primeros meses de la pandemia desde su alto cargo, cuyo nombramiento consiguió gracias a los millones de dólares que su partido dedicó al empeño, con el objetivo de conseguirle honores y compra de voluntades, además del empujoncito que llegó de China. Y, noblesse oblige, Adhanom silenció todo el tiempo que pudo la gravedad, la extensión y el origen chino del virus. No pasaba nada, no había que usar mascarillas, no había que dramatizar. Es la posición que mantuvieron, durante mucho más tiempo de lo recomendado, los responsables de Sanidad en España, Illa y Simón, que algún día tendrán que rendir cuentas de su cruel o interesada incompetencia incluso para contar las víctimas.
    Adhanom se reunió a finales de enero de 2020 en Beijing con su gran amigo, el presidente Xi Jinping, y se ignora el contenido de sus conversaciones, pero el resultado es que el máximo responsable de la OMS, por cuyas recomendaciones se guían los Ministerios de Sanidad de todo el mundo, sólo tímidamente acabó decretando la emergencia sanitaria, y no fue hasta mediados de marzo cuando calificó la extensión del coronavirus como pandemia.
    Otro dato curioso es que la cabeza de puente que utiliza China para controlar África es precisamente Etiopía, la patria de Adhanom, conocida hoy como «la pequeña China», con grandes inversiones en el continente y ahora con la venta de sus vacunas.
    Parece que no debe extrañarnos que China, con mil cuatrocientos millones de habitantes, declare sólo cinco mil muertos (¿tenían ya sus vacunas preparadas?); un país comunista con montones de multimillonarios; que mantiene en campos de concentración –de reeducación, dicen- a unos tres millones de seres humanos de la etnia Uigur para forzarlos a que cambien a Mahoma por Mao. No, no debe extrañarnos que China sea la única potencia que se beneficia de la crisis que ha hundido al planeta, ya que el copyright del virus es suyo.

    Carmina Fort

  • EL SIGLO XX MATO A SUS POETAS, EL SIGLO XXI LOS ESCONDE

    La conclusión que da título a esta sección es de la actriz y directora rusa Irina Kouberskaya, quien dirige en unión con el poeta y dramaturgo Hugo Pérez la Compañía y el Teatro Tribueñe en Madrid.

    RIG VEDA – CANTO X
    No existían entonces ni el Ser ni el No-Ser,
    ni el Aire ni el Espacio que se extiende más allá.
    ¿Qué era lo que se agitaba con violencia? ¿Dónde? ¿Bajo qué poder?
    ¿Era el Agua, profunda hasta apagar el sonido?
    No existían entonces ni la Muerte ni la Inmortalidad.
    Nada que distinguiera el día de la noche.
    Sin aliento, el UNO respiraba por propia iniciativa:
    aparte de Aquello, no existía nada.
    Primero: Tinieblas sobre Tinieblas:
    El Universo era una onda invisible.
    Después, por el poder del Calor llegó el Uno,
    vacío y procedente del Vacío.
    Desde el principio, el deseo le hizo crecer;
    el deseo, la primera joya de la Mente.
    Los poetas, buscando en el interior de sí mismos
    formaron la trama del Ser en el seno del No-Ser.
    Sus hilos se extendieron hacia los lados.
    ¿Qué hay arriba? ¿Qué hay debajo?
    Había sembradores y poderes,
    agitándose por debajo, sacrificándose por arriba.
    ¿Quién puede estar seguro, quién podría decir
    de dónde salió, cómo nació esta realización?
    Los dioses llegaron después, como resultado de esta producción…
    ¿Quién sabe de dónde procedía Aquello?
    De dónde vino esta creación.
    si tiene bases o no,
    sólo lo sabe Aquél que vigila desde lo alto del cielo,
    a menos que Él tampoco sepa nada.
    ———
    Contemplando la Eternidad…
    antes de que fuesen echados los cimientos de la Tierra,
    tú eras. Y cuando la llama subterránea
    rompa su prisión y devore la forma,
    todavía serás tú como eras antes,
    sin sufrir cambio alguno cuando el tiempo no exista.
    ¡Oh, mente infinita, divina Eternidad.

  • UN VIEJO EN LA CASA BLANCA

    Uno de los dos, Trump con 74 años y Biden con 77, estará al mando de la mayor potencia mundial marcando el destino del planeta. Y a ambos se les critica por sus aptitudes y actitudes, por su pasado, por su gestión pública, por su ideología, por las mentiras que lanzan en entrevistas y debates, pero nadie los descalifica para el comprometido puesto por ser viejos.
    Sólo los profesionales liberales pueden seguir hoy ejerciendo sus tareas remuneradas al margen de su edad mientras que el resto, los empleados en cualquier campo, tienen que jubilarse; unos, encantados tras la esforzada vida de funcionario, en la cadena de montaje, en el andamio o detrás del mostrador; otros, frustrados porque su formación y experiencia se van por el sumidero. Y vive Dios que no estamos para desaprovechar inteligencias y capacidades.
    Imaginad que a Picasso, al entrar en la sesentena, se le hubieran quitado los pinceles, privándonos de sus siguientes treinta años de creatividad.
    Se dice que hay que enviar a la gente a casa para que deje sus puestos de trabajo a los jóvenes y disfrute de un merecido descanso, pero el paternalismo estatal dependerá de la pensión que le quede. Jubilación viene de júbilo, y cuando se ve en las tiendas a viejos buscando los productos más baratos, poco júbilo parecen disfrutar en esta etapa de su vida.
    Los políticos tienen ese aspecto bastante resuelto; en general, seguirán calentando el escaño en cualquier Administración pública, o utilizarán las engrasadas puertas giratorias para enriquecerse, cualquiera que sea su edad. Mientras tanto, se lanzan entre ellos acusaciones de no haber dado un palo al agua; a ver quién ha sido más vago antes de vivir de los contribuyentes.
    Me duele la espalda de tanto oír hablar de los que levantan la persiana de un negocio; me siento somnolienta cuando mencionan “la España que madruga” para ganarse el pan. En Estados Unidos se divide a los trabajadores entre “white collar” o de cuello blanco, gente de oficina, y los “blue collar” o de cuello azul, los obreros. De ahí podríamos dar un salto para calificar a algunas gentes de “ladrones de guante blanco”. ¿Y no lo son aquellos que reciben altos salarios públicos sin cumplir a cambio sus obligaciones con la población que les paga?
    ¿Por qué Trump y Biden, uno de aspecto brutal, y el otro de muñeco de cera no quieren irse a casa? No son científicos, no son artistas, nada pueden aportar a la sociedad. Pues no se van por amor al poder, el más potente afrodisiaco. Su único amor verdadero. Son dos viejos ambiciosos de honores, pero nadie los acusará de chochear.

    Carmina Fort

  • ALIVIO JURÁSICO (a toro pasado o a punto de embestir)

    Cuando supe durante el largo y cruel confinamiento que hasta los 69 años tendría 6 horas de asueto, y con 70, sólo 3, pensé en teñirme el pelo, ponerme un chándal y salir por ahí, como hace Rajoy a paso rápido. Si me encontraba con Almeida, iniciaría una nunca iniciada carrera de runner para justificar el atuendo; si me encontraba con Sánchez o Iglesias hablando del “pueblo”, saldría pitando hacia la frontera, con el pasaporte entre los dientes bajo la mascarilla porque, a diferencia de Cuba o Corea del Norte, en España se permite salir pero no entrar; cuanta más gente salga, menos contagios. A enemigo que huye, puente de plata. Al pasar la frontera, me encontraría con Illa, Simón y todo su “equipo de expertos”, reclamados por la Interpol, y esposados por malversación de caudales públicos y de la Verdad.
    Luego pensé que era mejor respetar mis canas y unirme a la procesión de los viejos, la Santa Compaña de una vida interesante, llena de acontecimientos, de compromisos, de pasión y superación, recordando al filósofo chino que pedía al cielo: “Haz que viva en tiempos interesantes”.
    Habiendo corrido antaño delante de los “flics” en París, de la Guardia Nacional en Ohio, y de los “grises” en Madrid y Barcelona, hoy me inquieta que un policía municipal me pueda multar por haberme alejado más de un kilómetro de casa o haber superado el tiempo prescrito para airearme y tomar el sol, recordando lo que canta mi nieta Olivia en el cole: “Sol, solecito, caliéntame un ratito, por hoy y por mañana, y por toda la semana”.
    Asegura el presidente del Gobierno que no estamos viviendo en una dictadura porque hay libertad de información, ya que sólo tienen sobornados a 38.500 medios y profesionales, y quedan unos 25 para decir lo que quieran, afrontando las consecuencias; y libertad de manifestación, puesto que la policía enviada por Marlaska no va a disparar por el momento.
    Dice un pensador que aquel que necesita el poder no debería ejercerlo.
    Decidme: ¿Quién de entre los actuales políticos españoles no necesita el poder para sentirse “alguien”, aunque sea ante su cuñao?
    Ser un político profesional, sin diferencia de género; vivir de un partido que te dice lo que tienes que aplaudir o silbar, no puede inspirar ni confianza ni respeto. Y no puede haber ni “nueva normalidad” ni nada nuevo con cerebros prematuramente anquilosados a causa del mantenimiento de ideologías férreas, sean liberales, derechistas o izquierdistas. El anarquismo, hoy un movimiento residual y desnortado, lo analizaremos en otro momento, con testimonios de Emma Goldman o Henry Miller.
    Confiemos en que algún día nos gobiernen sabios, no trileros, y pidamos al cielo que nos permita respirar e inspirar honradez, compasión, inteligencia y belleza, atributos femeninos sofocados por actitudes masculinas que mantienen ciegamente ambos sexos.

    Carmina Fort

  • CATALUNYA NORTE Y EUSKADI NORTE

    Cuando los acalorados independentistas españoles cortan las autopistas, lo que llega del otro lado de los Pirineos no son hermanos entusiastas en la lucha de liberación sino gendarmes, que restablecen el tráfico a base de gas pimienta y hostias.

    Francia es uno de los Estados más centralistas del mundo, donde se pueden unificar provincias para ahorrar sin que la población rechiste, donde hace mucho que se barrieron idiomas como el bretón o el occitano. Se mantiene el uso del euskera y del catalán en la familia o en el bar, pero nada de inmersión lingüística, nada de impartir materias en la escuela pública en un idioma que no sea el francés; el francés y la “grandeur de la patrie” siguen siendo la estrella polar de la mayoría de sus habitantes desde la Revolución.

    No, las gentes que pueblan más allá de los Pirineos las tres provincias de tradición catalana y las cuatro de tradición vasca, no parecen tener intención de apartarse de Francia para unirse a sus hermanas lingüísticas en España, de la que forman parte desde hace cinco siglos. ¿Cuáles son las razones de tal desafección política? ¿Prefieren ser cola de león a cabeza de ratón? ¿O no aceptan seguir el liderazgo de gentes que se han aprovechado de la violencia y la corrupción?

    Cuando ETA mataba, secuestraba y extorsionaba (ahora se mata la memoria de todo aquel drama), recibían la ayuda del otro lado de la frontera de algunos de sus congéneres, los que comparten los mismos genes, es decir, rh negativo, y si no los tienes, por muy grande que sea tu txapela, ya no eres ario, y vas al exterminio social.
    El jesuita Arzalluz declaraba sin rubor que los chicos de la gasolina y del asesinato movían el árbol, y el PNV recogía las nueces. Los jesuitas, qué Orden tan poderosa y dúctil: el actual papa es jesuita, y sus votos de obediencia, además de pobreza y castidad, se juran al General de la Orden, no a San Pedro ni a Perón.

    Cuando Pujol, un redomado ladrón multimillonario, se envolvía en la senyera, y gritaba sin pudor que atacarlo a él era atacar a la santa patria catalana, estaba creando un pifostio que ya dura cuatro décadas, para poner a cubierto su patrimonio, producto de prácticas mafiosas. La “famiglia” secundó al patriarca, pero todos están en la calle, y sus dineros, a salvo por ahí.
    Y curiosamente, ambos movimientos separatistas cuentan con una Iglesia afín, y sus líderes son en general devotos practicantes católicos. Y los curas vascos se negaban a oficiar en honor de los asesinados, y los curas catalanes cuelgan en sus iglesias lazos amarillos por los mártires golpistas. Y el Vaticano, callao, no vaya a ser que, con tanta protesta, se nos hagan protestantes.
    Los que entienden de política dicen que ambos movimientos se remontan al carlismo, cuando el heredero de España tenía que haber sido el archiduque Carlos, un Austria, pero un agonizante Carlos II el Hechizado cedió a las intrigas de su entorno y legó el trono a Felipe V, nieto del Rey Sol, un Borbón que, fiel a su centralismo de origen, arrasó con los derechos de ciertas comunidades. Y ahí empezó el rap.

    Esos movimientos han despertado al amodorrado tigre del nacionalismo español, muchos años después de que los nostálgicos del franquismo no sacaran ni un diputado, y hoy tenemos que soportar la horterada del «!Que viva España!» o «Yo soy españoool, españoool, españoool» para sobreponerse a «Els segadors» o a las loas al funcionario gudari. Y en el medio, los que no somos nacionalistas de ningún signo, aguantando los cánticos provocadores a grito pelao de los contendientes de la nada, unos sujetando al Rey, y otros quemándolo en efigie.

    En verdad, en verdad os digo, que una monarquía, que antaño detentaba un jefe guerrero, el que más hubiera matado, es hoy un anacronismo, y sus miembros son en general gentes poco ejemplares que no merecen genuflexiones ni honores, honores que deberían guardarse para los justos, aquellos que se sacrifican por otros seres humanos, no para los que pelean por retener sus privilegios.
    Pero vista la calaña y el nivel intelectual y moral de los actuales políticos españoles, separatistas o no, será mejor aguantar un poco más a la monarquía, antes de exigir un referéndum sobre el modelo de Estado, no sea que nos encontremos a un Sánchez o un Junqueras proclamándose a bordo del falcon, entre tángano y tángano de “bourbon”, nuevo Rey Sol de todas las Españas.

    Carmina Fort

  • FAKE NEWS EN EL MEDIEVO

    La mentira no necesita redes tecnológicas para extenderse como un incendio: los hechos falsos se transmitían hace siglos mediante un eficaz boca a boca con más graves repercusiones que las estupideces segregadas por hackers en la actualidad.

    Los templarios sufrieron el descrédito mediante la propalación de supuestas prácticas indecentes, blasfemias y herejías en su seno, desprestigio orquestado por el codicioso rey de Francia, secundado por el obediente papado, para hacerse con sus riquezas y destruirlos social, espiritual y físicamente.

    El rumor de que un niño cristiano habría sido asesinado en un crimen ritual por los judíos conducía a una comunidad enajenada a protagonizar pogromos vengativos que generaban muertes indiscriminadas y pillajes en las aljamas.

    Los abusos de la nobleza feudal y de los grandes latifundios eclesiásticos contra la población inerme se distraían generando bulos contra comunidades que servirían de chivo expiatorio.

    Las brujas, las mujeres sabias de los bosques, con conocimientos que se transmitían de abuela a nieta, único apoyo ancestral en la salud y las cuitas de las gentes, eran periódicamente acusadas de envenenar los pozos o maldecir las cosechas, y miles de ellas fueron quemadas vivas en toda Europa.

    En España, un calculado bulo lanzado por el poder eclesiástico sirvió para cambiar la historia, cuando los partidarios de la golpista católica Isabel acusaron a su sobrina Juana de no ser hija de su padre, sino del noble Beltrán de la Cueva, a pesar de que éste lo negaría públicamente, motejándola despectivamente como “la Beltraneja”, negándole con esa mentira su derecho al trono otorgado en testamento por el Rey y condenándola a un destino cruel. Sin el integrismo de Isabel, no habría existido ni la acción de la Inquisición ni la expulsión de los hebreos, y posteriormente de los moriscos, que dejaron el país hecho un erial.

    Ya más cerquita de nuestros días, la casa real inglesa hizo un fake, ocultando que su nombre era alemán, Sajonia-Coburgo, enmascarándolo como Windsor. Y los escolares ingleses no conocen ese hecho.

    Y si queremos hablar del gran faker bibelot de Putin, Trump quiso hace pasar a su familia como de origen sueco, cuando en realidad eran alemanes, que habían alterado ligeramente el apellido.

    Si en tiempos pasados –o no tan pasados entre las dos ramas descendientes de Sem- las religiones aglutinaban el sentido de tribu creyente, y dirigían a sus huestes en función de sus intereses, hoy son los partidos los que convierten a los ciudadanos en súbditos de cuatro majaderos, que viven muy bien del cuento, y se aseguran de generar constantes enfrentamientos, tensiones queridas por el bobo masón y sus voceros, que distraigan a las gentes, como en el medievo, del abuso de poder, el cinismo, y la indigencia intelectual.

    Carmina Fort